No es fácil combinar los platos con los vinos, se tiene que lograr un maridaje, un equilibro perfecto entre la dulzura, la acidez y la complejidad.
Si bien hace unos años existían determinadas reglas en la actualidad han cambiado debido a que los vinos han evolucionado y cada vez se puede jugar más con los distintos sabores.
Ya no nos podemos guiar aquel mandato que decía que el tinto es para las carnes rojas y los quesos y el blanco para los pescados y las carnes blancas. Pero sin duda no podemos olvidar que el vino no debe tapar los sabores presentes en el plato ni viceversa. Los más importante para poder llevar a cabo una buena combinación es tomar en cuenta el cuerpo del vino, a vinos ligeros los debemos combinar con platos ligeros y a la inversa.
La intensidad del sabor tanto en vinos como platos es muy importante, un vino puede tener poco cuerpo pero aromas y sabores intensos, lo que lo hace apto para combinarlo con comidas provenientes de la cocina asiática o latinoamericana.
Otra de las cosas a tener en cuenta es la acidez, la dulzura y los dejos salados. Por ejemplo, un plato elaborado con cítricos debe ser servido con un vino de acidez importante para que se igualen los sabores. Por otro lado las preparaciones saladas resaltan con un toque de dulzura en el vino.



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